Tomemos la cruz de la oración/Take up the Cross of Prayer

Gerardo Zavala

Tomemos la cruz de la oración

Juan 16:26: Cuando llegue ese día, ustedes mismos presentarán sus súplicas al Padre en mi nombre. Y no seré yo quien interceda ante el Padre por ustedes

Somos muy dados a pensar en la cruz como en algo por lo cual tenemos que pasar. Sin embargo, pasamos por ella sólo para entrar en ella.

La cruz sólo tiene un significado para nosotros: una completa y absoluta identificación con el Señor Jesucristo y no hay nada en lo cual esta identificación se haga más real que en la oración.

Mateo 6:8: No sean iguales a ellos, pues el Padre sabe de qué tienen necesidad aun antes que le pidan nada.

Entonces, ¿porqué debemos pedir? La intención de la oración no es conseguir respuestas de Dios, sino tener una perfecta y completa unidad con Él. Si oramos sólo porque queremos el resultado, nos enojaremos con Dios. La oración es contestada cada vez que oramos pero no siempre viene en la manera que esperamos y nuestro enojo espiritual muestra el rechazo a identificarnos verdaderamente con nuestro Señor en la oración. No estamos aquí para probar que Dios contesta, sino para ser monumentos vivientes de la gracia divina.

Juan 16:26-27: Cuando llegue ese día, ustedes mismos presentarán sus súplicas al Padre en mi nombre. Y no seré yo quien interceda ante el Padre por ustedes, 27 pues el mismo Padre los ama porque ustedes me aman a mí y han creído que yo he venido de Dios.

¿Haz alcanzado un nivel tal de intimidad con Dios que lo único que cuenta para tu vida de oración es que se vuelva una con la del Señor Jesucristo? ¿Ha reemplazado Él tu vida por la suya? Si es así, en aquel día estarás tan identificado con Jesús que no habrá distinción.

Cuando parezca que tu oración no fue respondida, guárdate de echarle la culpa a otro. Esa siempre es una trampa de Satanás. Cuando parece que no hay respuesta, siempre hay una razón. Dios usa estos momentos para darte una profunda enseñanza personal, la cual es sólo para ti.

EL YA FALLECIDO y grandemente admirado pastor y autor estadounidense Donald Barnhouse, una vez pasó al púlpito y dijo unas palabras que dejó atónita a su congregación: “¡La oración no cambia nada!” Se podría haber oído una aguja caer al piso en la abarrotada iglesia de Filadelfia. Su comentario, por supuesto, tenía el propósito de hacer que los creyentes se dieran cuenta de que Dios está soberanamente a cargo de todo. Nuestro tiempo está literalmente en sus manos. Ningún diminuto ser humano sólo con decir unas palabritas en oración puede tomar las riendas de los acontecimientos o cambiarlos. Dios es el que los moldea; es él quien tiene las riendas. Barnhouse tenía razón, excepto en un pequeño detalle. La oración me cambia a mí. Cuando usted y yo oramos, cambiamos, y esa es una de las principales razones por las que la oración es una terapia que contrarresta la ansiedad.


Take Up the Cross of Prayer

“’In that day you will ask in my name. I am not saying that I will ask the Father on your behalf.’” (John 16:26)

We think about the cross as something we have to pass.  However, we pass the cross only to enter the cross.

The cross only has significance for us as Christians--a complete and absolute identification with our Lord and Savior. There is nothing in this identification more real than in prayer.

“’Do not be like them, for your Father knows what you need before you ask him.’” (Matthew 6:8)

Then, why should we pray? The purpose of prayer is not to get answers from God, but to have perfect and complete unity with God.  If we pray just because we want results, we will be angry at God.  Our prayers may not always be answered in the way we want them to be answered.  As a result, our spiritual anger demonstrates a rejection of our true identification with our Lord and Savior in prayer.  We are not here as proof that God will answer; we are here to be living monuments (vessels) of His divine grace.

“’In that day you will ask in my name. I am not saying that I will ask the Father on your behalf.  No, the Father himself loves you because you have loved me and have believed that I came from God.’” (John 16:26-27)

Have you reached a level of intimacy with God that the only thing in your prayer life that matters is that you are one with our Lord and Savior, Jesus Christ?  Have you replaced your life for His?  In that day if you have, you will be identified with Jesus and there will be no distinction.

When it seems that your prayers are not answered, guard yourself against blaming someone else.  This is Satan’s trap. When it seems there is no answer, it is because there is a reason.  God uses these times to teach us a profound and personal lesson--one that is just for you.

Donald Barnhouse, the late and greatly admired pastor and author, once went up to the pódium and said something that stunned his congregation: “Prayer does not change anything!”  You could have heard a pin drop to the floor in that crowded Philadephia church.  His comment, of course, was intended to make believers realize that God is sovereignly in charge of everything.  Our time is literally in His hands.  No tiny human being saying only a few words in prayer can take the reins in events and change them. God is who molds us.  God has control of the reins.  Barnhouse was right except for one small detail--prayer changes us; prayer changes me.

When you or I pray, we change.  This is one of the principle reasons why prayer is therapy that counteracts anxiety.

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