El atrevido compañerismo de Dios/The Bold Fellowship of God

Gerardo Zavala

El atrevido compañerismo de Dios

Lucas 18:31ª:  "Jesús, tomando aparte a los Doce."

¡Oh, el valor de Dios al confiar en nosotros! Tú dirás: "Pero, qué imprudente fue al elegirme, porque no hay nada bueno en mi y no valgo nada". Esa es exactamente la razón por la que te escogió. Mientras pienses que en ti hay algo valioso para ÉL, Dios no te elige, porque tienes tus propios fines a los cuales servir. Pero si le permites a Él acabar con tu autosuficiencia, entonces te escogerá para que lo acompañes “a Jerusalén” y eso implica el cumplimiento de propósitos que Él no discutirá contigo.

Somos propensos a afirmar que alguien será un buen cristiano porque tiene talento natural. Pero no tiene que ver con nuestra aptitud, sino con nuestra pobreza; no con lo que traemos con nosotros, sino con lo que Dios ponga en nosotros. No es cuestión de virtudes naturales, fuerza de carácter, conocimiento o experiencia, pues nada de eso sirve en este asunto. Lo único que vale es que seamos atraídos hacia su apremiante propósito y así nos convertiremos en sus amigos.

1 Corintios 1:26-31: "Basta, hermanos, con que se fijen en cómo se ha realizado su propia elección: no abundan entre ustedes los que el mundo considera sabios, poderosos o aristócratas. 27 Al contrario, Dios ha escogido lo que el mundo tiene por necio, para poner en ridículo a los que se creen sabios; ha escogido lo que el mundo tiene por débil, para poner en ridículo a los que se creen fuertes; 28 ha escogido lo sin importancia según el mundo, lo despreciable, lo que nada cuenta, para anular a quienes piensan que son algo. 29 De este modo, ningún mortal podrá alardear de algo ante Dios 30 que a ustedes los ha injertado en Cristo Jesús, convertido para nosotros en sabiduría divina, en fuerza salvadora, santificadora y liberadora. 31 Así que, como dice la Escritura, si de algo hay que presumir, que sea de lo que ha hecho el Señor."


La autenticidad tiene que ver con ser consecuente entre lo que se dice y se hace, y entre los valores que se proclaman y las prioridades que se exhiben. La falta de autenticidad significa que proclamamos ser una cosa, pero en realidad somos otra.

Hace años leí la historia acerca de un pequeño pueblo que tenía un enorme roble en medio del parque central. La gente del pueblo se sentía orgullosa de ese árbol, el cual
había estado allí desde hacía mucho tiempo, aun antes de que muchos de ellos nacieran, y pensaban que de seguro seguiría allí después de que muchos de ellos hubieran fallecido.

Pero un día un gran ventarrón partió el árbol por la mitad y puso al descubierto un tronco infectado. Exterior mente era todo un símbolo de fortaleza, pero interiormente el roble estaba débil y vulnerable. Por años había engañado a sus admiradores.

Esa historia aún me persigue, y me asusta. Creo que el reto más grande que enfrenta la iglesia para las próximas dos décadas es la enfermedad que está menoscabando su poder e integridad: el cristianismo no auténtico.

Pocos son los problemas exteriores que obstaculizan el ministerio de la iglesia contemporánea. Contamos con dinero y edificios, instituciones educativas de primer orden para preparar a nuestros líderes. Tenemos recursos abundantes:
libros, casetes, conferencias, centros de capacitación, diversos ministerios y contamos con una relativa libertad política. Pero la vida cristiana no auténtica anula todas estas ventajas externas.

El compañerismo de Dios es para personas que reconocen su pobreza. Él no hace nada con quien cree que le es útil. Como cristianos, no estamos comprometidos con nuestra propia causa, sino con la de Dios, que nunca será la nuestra.
No sabemos cuál es el propósito de Dios que nos constriñe, pero tenemos que mantener nuestra relación con Él, pase lo que pasare. Nunca debemos permitir que algo perjudique esa relación, pero si ocurre, debemos tomar tiempo para rectificarla. El aspecto más importante del cristianismo no es el trabajo que hacemos, sino la relación que mantenemos y el ambiente que se produce por esa relación. 

Eso es todo lo que Dios nos pide que atendamos y es lo único que recibe un ataque continuo.

The Bold Fellowship of God

“And taking the twelve, he said to them,. . .’” (Luke 18:31a)

How bold of God to put His trust in us! You say, “How unwise He was to choose me because there is nothing good in me and I am worthless!” That is exactly the reason why He chose you! God will not choose you if you think you are valuable to Him because you have your own purpose to serve. If you let Him rid you of your self-sufficiency, He will choose you to accompany Him to Jerusalem and this fulfills His purpose that He will not discuss with you.

We tend to think that someone is a good Christian because they have a natural talent. It doesn’t have to do with our abilities, but with our poverty--not what we bring with us, but what God puts in us. It isn’t a question of natural virtue, strength of character, knowledge or experience. None of that is valuable. The only thing that matters is that we are drawn to His overwhelming purpose and we become His friends.

“’For consider your calling, brothers: not many of you were wise according to worldly standards, not many were powerful, not many were of noble birth. But God chose what is foolish in the world to shame the wise; God chose what is weak in the world to shame the strong; God chose what is low and despised in the world, even things that are not, to bring to nothing things that are,so that no human being might boast in the presence of God. And because of him you are in Christ Jesus, who became to us wisdom from God, righteousness and sanctification and redemption, so that, as it is written, “Let the one who boasts, boast in the Lord.”’” (1 Corinthians 1:26-31)

Authenticity has to do with being consistent in with you say and do, the value of what you proclaim and the priorities that you exhibit. Lack of authenticity shows that we claim to be one thing and, in reality, are another.

Years ago, I read a story about a small town that had a huge oak tree in the middle of Central Park. The townspeople were very proud of that tree. It had been there many years, even before some of them were born and they thought that it would be there many more years after they had passed on. One day a great gale wind came and snapped the tree trunk in half. It was discovered that the tree was infected. The exterior was a symbol of strength, but the interior was weak and vulnerable. The tree had deceived its fans.

This story still haunts me and it really scares me when I think about the church. I think the biggest challenge facing the church for the next two decades is the disease that is eroding their power and integrity. This is not authentic Christianity.

There are few external problems that hinder the ministry of the contemporary church. We have money, buildings and first-class educational institutions to prepare our leaders. We have abundant resources like books, tapes, conferences, training centers, diverse ministries and political freedom. The non-authentic Christian life overrides all these external benefits. God’s fellowship is for people who recognize their poverty. As Christians, we are not committed to our own cause. We are committed to the cause of Christ, which will never be ours.

We do not know the purpose of God that compels us, but we must maintain our relationship with Him, come what may. We must never allow anything to harm that relationship with Christ. If it does, we must take time to rectify it. The most important aspect of Christianity is not the work we do, but the relationship that we maintain and the atmosphere that is produced by that relationship.

God requires that we listen. This is all that God requires, but this is the only thing that is continually attacked.


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